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A mi hermano tuvieron que hacerle una cirugía y un tratamiento de alto costo. Había que comprar un medicamento bastante costoso y mi mamá discutía con mi papá porque él no quería comprarlo. Ella le dijo que mi hermano se podía morir, y él, para ofender y lastimar a mi mamá, dijo: “Pues que se muera”. Creo que dijo eso en un momento de ofuscación, porque después supe que él lloró cuando vio a mi hermano grave en la sala de urgencias de una clínica debido a que se le reventó una úlcera en el estómago y llegó para cirugía en estado crítico. 

Mi papá tuvo graves problemas con el alcohol, pues ocurría que cuando se iba de visita a donde su familia, regresaba embriagado, “envenenado” por las intrigas que le metían en la cabeza y, debido a esto, volvía a casa terriblemente agresivo.

Espiritualmente, no sé cómo era su vida, porque siempre creó una barrera inexpugnable y nunca nos dejó ver ni acercarnos a su corazón y menos a su alma. Yo veía que iba a misa y participaba en los ritos, pero no recuerdo haberlo visto confesarse o comulgar alguna vez.

Él no era feliz en la casa, ni con mi mamá, ni con nosotros.

Su felicidad eran su mamá, sus hermanos, sus sobrinos,  sus amigos y sus amantes. Consideraba que compartir en familia le quitaba autoridad y poder en casa, por lo que nunca se integró ni compartió con nosotros como un papá normal. 

Durante toda nuestra vida familiar, el ambiente siempre fue una interminable serie de peleas, no solamente entre mi papá y mi mamá, sino entre nosotros (los hijos), y entre él y nosotros.

No había Navidad sin peleas entre mis papás, con mis papás o con alguien de la familia.

Recuerdo que, en la época en que estámos muy pequeños, mi papá le pegaba a mi mamá en cualquier momento y por cualquier motivo, generalmente por dos razones principales: por dinero y debido a la familia de él. Esto lo hizo también en tiempo de Navidad.

Mi papá era muy violento y le pegaba a mi mamá, a veces cuando había tomado licor  y otras sin haber tomado. 

Mi papá le pegaba con crueldad, acompañando los golpes con insultos y groserías muy feas. La insultaba y  trataba como si ella fuera un animal que había que domesticar.

Alguna vez mi papá le pegó a mi mamá en la cabeza con un maletín muy pesado, y como mi mamá no se dejaba pegar, él empezó a darle puños en la nuca para hacerla caer al piso, diciéndole groserías.

También en una ocasión le dejó a mi mamá el ojo derecho sumamente hinchado, con un color morado oscuro. Al día siguiente, subió a su habitación, en donde estaba mi mamá acostada reponiéndose de la golpiza que le dio mi papá, y le llevó un tamal (masa de arroz con carne y algunas verduras, envuelta en hojas de plátano), para “hacer las paces”.

En otra oportunidad, mi papá le reventó la cara a mi mamá y dejó la alcoba salpicada de sangre. Él dijo que había sido mi mamá la que le había pegado a él.

Otro día, le reventó la nariz y la sangre salpicó la pared.  En varias ocasiones le daba patadas.

Recuerdo que, ante los justos reclamos de mi mamá, él decía con frecuencia: “Vivo en mi ley y muero en mi ley”. Cuando ella le decía: “Por el bien de todos nosotros, por favor, separémonos, lo mejor es la separación”, él contestaba: “Váyase usted, usted es la que está aburrida”, “la del problema es usted”, “no me voy a ir de la casa”

Cuando no le pegaba, la postraba con los insultos más terribles, la humillaba, atormentándola psicológicamente e hiriéndola en lo más sensible de su corazón. Esporádicamente le decía que estaba loca.

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