Con mi mamá y con nosotros él era imponente, soberbio, grosero, agresivo y dominante, pero con sus parientes era sumamente débil de carácter, condescendiente, pasivo y tolerante. Realmente era como si tuviera dos personalidades.

Mi mamá le advertía que no se metiera en negocios ni préstamos arriesgados, llevado solamente por un falso sentido de amistad o seguridad, pero él no le hacía nunca caso. Le pegaba y la insultaba diciéndole que ella era una bruta y que no sabía nada, que no servía para nada.

En una ocasión mi papá compró un auto de modelo reciente, en muy buen estado, con el fin de venderlo a buen precio. Invitó a un amigo de él, compañero de trabajo, y estuvieron tomando alcohol durante un buen rato. Esa reunión trajo como consecuencia que el amigo de mi papá se aprovechó de la situación y compró ese auto por un precio desfavorable para mi papá.

Una vez, un compañero de trabajo le pidió que le sirviera de fiador para un préstamo con el que iba a estudiar una carrera. Mi papá aceptó inmediatamente y cuando llegó el momento de empezar a pagar el préstamo, el compañero de trabajo se fue de la empresa y lo dejó con la deuda. Le tocó pagar hasta el último centavo, incluyendo los intereses de mora.

A veces hacía negocios desventajosos y algunos “amigos”, como aquel de la compra del auto, sabían aprovecharse de él. Aún así, mi papá nunca cambió.

Mi mamá le advertía claramente los riesgos de aventurarse en esos negocios, pero él siempre terminaba haciendo lo que quería, y al final se cumplía lo que mi mamá ya le había advertido. Eso lo llenaba de rabia, aunque sabía que ella hablaba con la verdad. Siempre fue sumamente machista y orgulloso.

Ella pensó varias veces en separarse, pero siempre tuvo en su mente y en su corazón a sus hijos, y decidió seguir viviendo en la casa por nuestro bien.

Pasado el tiempo, cuando mi papá se pensionó, consideró que ya había hecho lo suficiente en su vida laboral y decidió quedarse en la casa sin hacer casi nada, con las mortificaciones que eso le representaba a mi mamá.

Intentó realizar varios negocios con algunos amigos, pero no resultó nada concreto. Alguno de estos amigos le había prometido una compensación económica por favores que mi papá le había hecho, pero, al final, no salió con nada de lo que había prometido.

Mi papá se dedicó a vivir su época de pensionado sin afanes, pero en la misma tónica de relación preferencial con sus parientes, más que con nosotros.

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