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Mi papá creía que las manifestaciones de afecto le quitaban autoridad en casa. Pensaba que su responsabilidad era exclusivamente la de aportar dinero para el sostenimiento del hogar; sin embargo, nunca le dio dinero a mi mamá para sus gastos personales.

Cuando ella recibía algún dinero extra (durante el poco tiempo que ella pudo trabajar), mi papá se lo exigía para cubrir gastos o para otras cosas. A veces le decía que era un préstamo, algo temporal, y no le devolvía el dinero. Nunca pudo comprarse un vestido nuevo o darse algún gusto, a menos que fuera haciendo un esfuerzo para reunir algo de la quincena que mi papá le daba, y eso prácticamente sin descompletar lo del diario.

Realmente no recuerdo que mi papá le haya dado a mi mamá dinero para que ella comprara algo para su uso o gusto personal. Ella tenía que hacer malabares con el dinero, no solo para cubrir los gastos de la casa, sino para tratar de ahorrar algunos centavos para comprar algo de uso personal, muy esporádicamente. Cuando mi papá le daba dinero para los gastos de la casa, la mayoría de las veces había discusiones, golpes o sangre de por medio.

Con todo y discusiones, mi papá fue, en términos generales, “cumplido” en el aspecto económico para con los gastos de la casa y con los hijos, pero afectivamente fue muy alejado, viviendo más inclinado hacia el lado de su familia que hacia nosotros. 

La mamá de él (mi abuela) era muy absorbente, sumamente posesiva, dominante y lo predisponía contra mi mamá. Mi abuela fue implacable con mi mamá y con todas sus nueras. Consideró a mi mamá indigna de pertenecer a su familia. 

Cuando mi mamá le reclamaba a mi papá que dedicaba demasiado tiempo y atención a sus familiares, descuidando su propio hogar, mi abuela con frecuencia le repetía a mi papá: “acuérdese, mijo, que usted conoció primero mamá que mujer”.

Mi papá no expresó prácticamente nunca su afecto hacia nosotros. Tenía un grupo de amigos de trabajo que lo incitaban a parrandear y tomar trago con ellos y allá era muy espontáneo, agradable y afectuoso, pero en la casa era muy diferente.

Nos acostumbramos a vivir cada uno en su mundo, sin compartir en familia. Eso originó o intensificó discordias y resentimientos entre nosotros.

Mi papá, desde muy joven, tuvo un comportamiento sexual promiscuo. Con frecuencia tenía relaciones sexuales con prostitutas y amantes ocasionales.

Incluso después de haberse casado con mi mamá, un hermano de él lo llevaba en auto (comprado por mi papá, por supuesto), desde la oficina hasta la casa de alguna amante y allí lo esperaba para llevarlo de regreso al trabajo.

Con frecuencia se iba de “viernes cultural” (vida social nocturna los días viernes), con todo lo que eso significa. Él aprovechaba cualquier oportunidad para escaparse del trabajo y visitar a sus amantes o para ir a prostíbulos, con la complicidad y ayuda de su hermano menor. Era tan astuto, que mi mamá no se había dado cuenta de sus andanzas.

Una vez, comenzaron a hacer ciertas llamadas a nuestra casa. Una misteriosa mujer preguntaba por mi papá. Mi mamá atendía esas llamadas y esa mujer le decía groserías y la insultaba.

Cuando mi mamá le comentó a mi papá acerca de esas llamadas, él le dijo: “No vaya a tratar mal a esa señora. Usted sea muy amable con ella y no le diga nada malo, así ella la insulte”.

Una compañera de trabajo de mi mamá (en el trabajo fue donde se conocieron mis papás) le abrió los ojos sobre las andanzas de mi papá y le recomendó estar alerta sobre las salidas y encuentros de él.

Un compañero de trabajo de mi papá, quien conocía muy bien los pasos en los que él andaba, llamó un día a mi mamá y la alertó para que estuviera pendiente de mi papá, porque estaba en malos pasos, lo cual hizo que mi mamá decidiera retirarse de trabajar, para dedicarse al cuidado de nosotros y estar más pendiente de mi papá. Esa decisión fue definitiva en la formación moral, ética y espiritual que mi mamá realizó con nosotros, en medio de su sufrimiento.

Un día, ella enfrentó a mi papá acerca de la amante que tenía. Al principio él no aceptó nada, pero después le dijo a mi mamá que así era y comparó a su amante de turno con mi mamá, sacando a relucir las “cualidades” y “virtudes” que ella tenía como amante

(Hace pocos años me enteré, por medio de una prima, que, cuando éramos niños, hicieron una fiesta en la casa de los papás de ella, y mi prima dijo que a ella nunca se le olvidará cuando vio a mi papá en un corredor (hall), ese día, abrazando, besando y manoseando a una secretaria de él. Desde ese momento, mi prima le cogió un fastidio muy grande a mi papá.)

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