Unas horas antes de morir, le tomó la mano a mi mamá, pero no le dijo nada. A nosotros nos dijo que iba a pedir por nosotros , para que no peleáramos, porque toda la vida tuvimos problemas entre nosotros (y esto aún después de la muerte de mi papá).

Finalmente, a las 11:20 p.m., teniendo mi papá los ojos cerrados, de repente levantó y giró la cabeza hacia arriba a la derecha, abrió los ojos bastante, como mirando con atención y sorpresa a alguien, y en ese momento murió, con tal tranquilidad, que nos puso a pensar y a creer que el Señor rescató su alma de las garras del demonio para llevarla con Él.

Muchas personas conocidas y desconocidas se escandalizaron de que mi mamá no se hubiera separado casi desde el comienzo de su matrimonio.

Muchas personas creen, interpretan y concluyen que mi mamá fue muy “boba”, ingenua, pasiva, incluso tal vez masoquista, y que permitió que le fueran vulnerados sus derechos de esposa, mujer y madre.

Pero nosotros, que vivimos con ella muchos de esos sufrimientos, que la vimos llorar de desesperación, de tristeza, que la vimos muchas veces abatida, angustiada, impotente, traspasada de dolor, frustrada, decepcionada, con profundos sentimientos de soledad, tenemos la certeza, que la decisión de continuar con su matrimonio se basó en la convicción que ella tenía de que todo lo hacía por nuestro bien (esto puede sonar extraño o irónico, pero también sería injusto apresurarse a criticar su decisión desde la perspectiva de los derechos humanos, de la dignidad de la mujer, etc., porque el escenario histórico de este relato es anterior al desarrollo de la cultura de “los derechos”), y tenemos la certeza de que esta decisión fue coherente con la solidez de su formación moral y espiritual, porque siempre tuvo en su mente y en su corazón, la convicción de que, hasta el último momento y con el máximo esfuerzo posible, debía procurar salvar su matrimonio (obviamente, con esto no queremos justificar una batalla campal entre cónyuges por “obligaciones” religiosas, pero sí destacar que ella no salió corriendo, como ha ocurrido en muchos matrimonios, y por situaciones mucho menos graves).

Este relato parece  algo anacrónico o inconcebible, como si mi mamá hubiera tomado una decisión absurda en nombre de utopías, de aparentes conceptos equivocados acerca de lo que es una familia, o al amparo de presuntos principios religiosos anticuados, pero, en realidad, estamos seguros que ella vivió hasta el final su fe, y que los méritos de sus sufrimientos arrebataron del infierno el alma de mi papá. Renunció a sí misma por nosotros, y, al final, por él! Perdonó todo lo que actualmente parece imperdonable.

Se mantuvo firme hasta el final, dejando a sus hijos y a muchas otras personas un testimonio excepcional, sin importar que este testimonio pueda ser interpretado equivocadamente o llegue a ser sometido a críticas injustas.

Su entrega heróica es algo que nunca sabremos comprender, valorar, ni agradecer suficientemente. Y estamos seguros que una perspectiva espiritual, puede dar luces sobre el sentido, el valor y el  mérito de su vida.

Ella misma, recordando todos esos años turbulentos, decía que no se explicaba cómo pudo resistir, cómo no enloqueció, cómo pudo encontrar fuerza, inspiración y claridad para seguir adelante, en momentos en los cuales todos estaban contra ella, incluso a veces nosotros mismos, pues debido a nuestra inmadurez y egoísmo, criticamos y juzgamos en ocasiones sus actitudes de manera injusta, circunstancial y precipitada.

Ahora que ha pasado el tiempo, vemos claramente que Dios nunca abandonó a mi mamá ni a nosotros, a pesar de la crueldad y la intensidad de los sufrimientos por los que ella pasó.

Ella falleció veintitrés años después que mi papá y, durante varios años antes de su muerte, nos contó todos estos detalles para que estuviéramos siempre conscientes de la historia familiar y de las posibles herencias incrustadas en nuestra sangre.

Ahora, mientras transcribo este impactante testimonio de vida, surgen en mi mente las siguientes "preguntas": 

¿Eso es lo que quiere Dios para uno? ¿dónde estuvo Dios todo ese tiempo? ¿cómo dices que Dios no abandonó a tu mamá, si ella pasó por toda una tortura física y psicológica?  ¿si Dios es amor, como has aprendido, entonces, es esto una demostración de ese "amor"? ¿por qué ella no se respetó y se hizo respetar del esposo? ¿por qué no se separó y les ahorró todo un camino de sufrimiento a ustedes? ¿no sería que ella tuvo un concepto equivocado del sufrimiento y del matrimonio? ¿tal vez debió separarse y denunciar al esposo por maltrato físico y psicológico? ¿crees que tu mamá fue valiente? ¿o más bien, masoquista? ¿ingenua, débil, cobarde, boba? ¿no crees que es preferible un matrimonio roto, con daños colaterales leves, a seguir con un matrimonio totalmente destructivo? ¿no sabes que árbol torcido ya no se endereza?

¿Piensas que eso le representó algo bueno a ella y a ustedes? ¿crees que eso trajo algo bueno para alguien? ¿crees que después de la muerte existe algo más? ¿tienes esperanza, si ello es así, de que tu mamá recibió un "premio" por lo que hizo y tu papá recibió un "castigo"? ¿realmente piensas que valió la pena todo ese sufrimiento? ¿lo que llamas fe, no es simplemente una ingenua elaboración subjetiva de una simple y pasiva resignación? ¿publicas esto sabiendo que es totalmente opuesto a los principios de derecho y dignidad conquistados por las mujeres a través de años de lucha contra la marginación, violencia y rechazo? ¿acaso estás exaltando la sumisión femenina como modelo de comportamiento de madres y esposas? ¿crees que después de haber leido esto, alguna mujer pueda seguir teniendo la idea de querer casarse, y por la Iglesia?

Para quienes hemos tenido que librar combates espirituales, no nos sorprenden estas preguntas/sugestiones. Guardadas las proporciones y los contextos, esas mismas "preguntas" básicas acerca del sufrimiento, podrían haberse formulado al observar a nuestro Señor en su doloroso recorrido del calvario y en su cruenta muerte. Él marcó la pauta que muy pocos han podido comprender y seguir. Tengo la convicción de que mi mamá fue una de las pocas personas que vivió la fe que profesó, incluso en contra de las ideas y presiones de sus más allegados familiares.

Este duro testimonio, en lugar de espantar y escandalizar, puede más bien consolar y animar a muchas personas que en este momento se encuentran sumidas en profundos y complejos sufrimientos. Es también un aliciente  para continuar en la batalla espiritual y perseverar hasta el triunfo final. 

Gracias mamá por tu entrega total en favor nuestro y por amor a nuestro Dios.

Finalmente, necesito decir que yo no quiero cometer nunca los errores que cometió mi papá. Las consecuencias de esos actos son devastadoras y el sufrimiento es terrible y largo para todos los afectados. Y eso, sin imaginar lo que habrá de ocurrir después que uno se muere.

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